El jabón de avena y miel es todo un clásico entre los jabones.
La avena es un ingrediente natural que proporciona una poderosa acción limpiadora, además de ser excelente para evitar la deshidratación de la piel. Su acción calmante hace que sea un jabón apropiado para las pieles con irritaciones y otros problemas cutáneos como eccemas, dermatitis o psoriasis.
Por su parte la miel también tiene un importante poder limpiador a la vez que actúa como un exfoliante natural. También nos ofrece una excelente hidratación y es efectiva para el tratamiento de pieles acneicas, favoreciendo la reducción de las impurezas y sin resecar la piel.
La combinación de estos dos ingredientes hacen que este jabón sea apropiado para todo tipo de piel, desde sensibles y problemáticas hasta las pieles grasas y con acné.

Vamos con la receta:
– 500 gramos de aceite de oliva virgen extra
– 95 gramos de agua destilada
– 63 gramos de sosa caústica
– 1 cucharada de harina de avena
– 1 cucharada de miel
– 1 cucharada de cúrcuma
Sobreengrasado 8%
Concentración 40%

Los pasos para elaborar el jabón son los mismos de siempre, os los recuerdo un poquito por encima:
– Se añade la sosa al agua bien fría con cuidado de no salpicar y se remueve hasta que se disuelva completamente
– Se espera entre media hora y una hora para que la temperatura del agua descienda
– A continuación se añade el agua con la sosa al aceite de oliva y se bate a la velocidad mas baja con la batidora para conseguir la emulsión y llegar al punto de traza
– Al conseguir la traza se añade la avena y la miel y se remueve un poco más
– Una vez añadida la miel y la avena separé la mitad del jabón y le añadí la cucharada de cúrcuma para conseguir un color mas oscuro
– Se echa el jabón en el molde, vais echando por partes los dos colores para conseguir los dibujos
– Se envuelve con film de cocina y se abriga el molde con una toalla
– A las 24 horas ya se puede desmoldar y cortar el jabón

Y estas son las pastillas ya cortadas, ahora sólo queda esperar un mes para probarlo y disfrutarlo.