Estas vacaciones de Navidad hemos pasado un par de días esquiando en Andorra, así que decidí intentar hacer una crema con protección solar. Era una crema arriesgada porque en cuestión de un par de días iba a comprobar si realmente funcionaba o iba a ser un desastre para mi cara. Soy bastante blanca de piel y sólo unas horas expuesta a un sol tan fuerte como el de la nieve ya me basta para quemar y pelar como una gamba, pero estoy bastante contenta con el resultado, Ya de vuelta en casa puedo decir que no he quemado, ni siquiera me he puesto un poquito roja. Eso si, me he aplicado la crema cada dos horas y en bastante cantidad cada vez.
Esta es la fórmula:
– 35 gramos de agua destilada
– 4 gramos de glicerina
– 0.5 gramos de alantoína
– 2 gramos de manteca de karité
– 4 gramos de aceite de germen de trigo
– 2 gramos de aceite de sésamo
– 2 gramos de olivem 1000
– 1gramo de cera de abeja
– 1 gramo de alcohol cetílico
– 1.5 gramos de óxido de zinc
– 1.5 gramos de dióxido de titanio
– 0.5 gramos de vitamina E
– 10 gotas de aceite esencial de zanahoria
– 20 gotas de conservante cosgard
Después de buscar información decidí escoger estos aceites por su índice de protección estimado. El aceite de germen de trigo tiene una protección de 20. La manteca de karité y el aceite de sésamo entre 5 y 10. El aceite esencial de zanahoria una protección de 30.
Tanto el óxido de zinc como el dióxiodo de titanio son básicos en una crema con protección solar, son los ingredientes que realmente actuarán como bloqueadores solares.
La cera de abeja la utilizo porque personalmente me encanta la textura que le da a las cremas, pero se puede sustituir por el olivem 1000.
Y estos son los pasos para hacer la crema:
– Se añade la glicerina y la alantoína al agua destilada y se remueve y mezcla muy bien.
– Se añade el zinc y el titanio al aceite de sésamo y se mezcla también muy bien.
– A continuación se añade el resto de aceites y emulsionantes a la mezcla de sésamo y óxidos y se ponen los dos recipientes, el del agua y el de los aceites, al baño maría, hasta que la manteca de karité y los emulsionantes se hayan fundido.
– Una vez fundidos se quita del baño maría, se mezclan ambas fases y se comienza a batir durante un par de minutos.
– Una vez conseguida la emulsión se pone al baño maría pero esta vez con agua fría, para que la crema vaya enfriando y espesando.
– Cuando la crema ya ha espesado y enfriado lo suficiente se añade de uno en uno la vitamina E, el conservante y el aceite esencial de zanahoria.
Y este es el resultado:

La cera de abeja le da a la crema una textura como de mousse, pero más compacta. Ya lo he dicho, ¡personalmente me encanta!